
Empezaba el año 2001, todo parecía sombrío. La esperanza por tener algún día al niño se desvanecía en el trajinar de día a día. Continuamente me culpaba por haberlo dejado y en ese momento me sentía atrapada en el destino.
La relación que tenía era un caos, casi todos los días era una crisis. Sin embargo a esas alturas no podía avanzar ni tampoco retroceder porque no tenía a donde en ninguna de las dos direcciones según lo veía.
Recién empezó febrero, los conflictos internos se agudizaron. El terror me hacía ser incoherente y distorsionar la realidad. Presionaba pero tampoco tenía a quien presionar. Sentí que pendía de una cuerda muy fina que si me soltaba caería para siempre.
Al final del mes cedí ante la presión con que comenzó el año y que también venía arrastrando y una semana antes de que terminara decidí terminar la relación. Sé que fue una forma de manipulación y él también lo entendió así. Ese día nos manipulamos ambos con el llanto.
Al amanecer, me sentí terrible. En ese momento no tenía certeza de que sería mi vida, ni lo más elemental. Los días y las noches se convirtieron en lo mismo y ya empezaba a confundir uno con el otro.
Al final del día la llamada habitual, aunque no la esperaba. Qué estás haciendo. Con la novedad de que había un señor recién llegado al país por motivos laborales y quería una consulta. Qué podía decirle. Era otra argucia de él.
Me dejé convencer, ya estaba convencida. Igual. Fui al encuentro. Llegamos al lobby y él se perdió en búsqueda del señor. Por un instante que pareció eterno me quedé frente a un cuadro. Todavía me recuerda a la María de Ernesto Sábato en la galería. Su descripción fue tan exacta que me sentí trasportada en ese momento a esa escena de la novela. Pensaba que no debía estar ahí y que debía huir.
En eso me sorprendió un ya estamos aquí. Me volteo. Me quedé petrificada. Una mezcla de euforia, miedo, sorpresa, conocido, tiempo sin verte me abordó al mismo tiempo. Me quedé rezagada ante la pareja de hombres que iba delante de mí.
Llegamos a un restaurant que estaba en otro nivel y ellos como caballeros, esperaron que me sentara. Creo que mi cara era de aturdimiento que se enfrascaron por unos instantes a hablar entre ellos. Luego esperaban que yo emitiera alguna palabra pero no podía articular alguna. Estaba temblando. Me levanté y dije que necesitaba cambiarme y él me excuso con mi capacidad para conectar energías.
Este hombre me estaba penetrando los huesos con su mirada y yo me sentía desnuda. Poco a poco fui relajándome y llegué a sentirme en ambiente. Hasta que me pidieron que tomara su mano para hacer una mejor conexión. Era demasiado. Iba a desmayarme. Seguramente dije muchas cosas incoherentes ese día.
Luego otra vez relajada. Sin darme cuenta me olvidé que el mundo existía. Que mis problemas existían. Que había otro hombre ahí que hasta la noche anterior yo no podía vivir sin él. Habían lapsos donde él interrumpía para decirle al otro, tal vez estas aburrido, te hemos excluidos. Y él otro decía. No tranquilos. Conversen. Busco varias excusas hasta que finalmente fue más directo y dijo, déjame solo con ella.
Yo lo miré diciendo no he hecho nada. Y luego sólo pensaba, se dio cuenta. Cuando estuvimos solos pero no lo suficiente porque él otro sólo se alejó dos metros, me miró a los ojos, creí que me confrontaría pero me hizo una pregunta personal.
No sé cuánto tiempo pasó, pero fue eterno. Hasta que se hizo la media noche y el otro dijo, nos tenemos que ir, cierran el estacionamiento, y bajó. Ahí estuvimos solos. Me levanté y tomó mis manos. Aunque no fueras quien eres me hubiera fijado en ti. Mis sentidos estaban tan alterados que no entendí el significado de esa frase. Luego una promesa. Vuelve mañana. Sí, me esperas, así haya un terremoto volveré. Luego bajamos las escaleras tomados de las manos él primero y yo atrás y al final el otro en el carro viendo el espectáculo. A partir de ese momento nada volvió hacer igual, pero no me di cuenta sino años después.
Volví. Pero encontré otro hombre. Frío, distante, ausente. Me decepcioné pero la emoción del día anterior seguía envolviéndome y embriagándome. Cenamos los tres, luego hicimos un pequeño ritual y nos tomamos las manos. Sentí que el corazón hablaba y él sintió lo mismo.
Luego vino el día siguiente, el tercer día, ya mis miedos, angustias habían desaparecido casi completamente. Al final de la tarde una llamada de despedida. Creí que lo vería en la noche pero no fue así. El otro percibió algo.
Molesta me bajé del carro. Lo que pasó después no lo pensé. Llamé a la operadora y pedí el número del hotel. El primero no era, mi voz fue tan decepcionante que el recepcionista dijo, hay otro hotel con el mismo nombre. Volví a llamar y el recepcionista dijo acaba de subir al ascensor. Deje que repique. Sólo quería decir que sentía que me conocía y si tenía algo que decirme. Cuando contestó dijo, hola, cómo esta. Se me perdieron las palabras, que digo. Me deshice en excusas y cuando pregunté cómo sabes quién soy, he estado esperando tu llamada. Dónde estás para irte a buscar.
Lo demás fue un cuento de hadas. No dormimos juntos pero estaba en el aire. Después de superar el hielo, hizo preguntas, muchas, y la última, qué tienes con él. Por mi mente pasaron varias respuestas. Dije, sólo somos amigos. Dijo, te creo. Después, dijo, no sé si estoy loco, soy esto y lo otro. Hago esto y lo otro. Tengo esto y lo otro. Te quieres ir a vivir conmigo y con tu hijo a otro país.
Tres veces antes me habían hecho la misma propuesta. Las tres veces no respondí. Ese día tampoco. Pero a diferencia, salí corriendo. Me fui. Cuando llegó a su hotel llamó. En la mañana llamé, y era otra persona.
Después pasaron siete meses, y luego pasaron seis años. Luego pasaron cuatro más. Y no he podido besar a alguien más. Y me fui alejando, alejando, y me alejé de todo. Al principio desperté y estuve despierta mucho tiempo. Y luego me volví a dormir en el 2008. He hecho muchas cosas pero no lo principal para despertar y sigo dormida pero estoy soñando que quiero despertar.
Tal vez lo estoy ahora, porque volví a sentir aunque sea emoción reprimida. Estoy buscando algo a qué aferrarme que me dé nuevamente vida.
Sé que este momento al igual que los otros forma parte de mi crecimiento como persona y como ser espiritual.
Me fui dejando de escuchar y de escuchar el poder de sanación que hay en mí. Ahora todo es un limbo. Sin embargo tal vez este espacio representa otra etapa que está por venir. Tal vez estoy abandonando totalmente la que fui y me estoy poniendo un nuevo traje.
Ahora puedo decirme esto a mí y no tengo la necesidad de subestimarme al hablar sin ser escuchada, o sin recibir respuesta.
Entonces, estoy mejor.
La relación que tenía era un caos, casi todos los días era una crisis. Sin embargo a esas alturas no podía avanzar ni tampoco retroceder porque no tenía a donde en ninguna de las dos direcciones según lo veía.
Recién empezó febrero, los conflictos internos se agudizaron. El terror me hacía ser incoherente y distorsionar la realidad. Presionaba pero tampoco tenía a quien presionar. Sentí que pendía de una cuerda muy fina que si me soltaba caería para siempre.
Al final del mes cedí ante la presión con que comenzó el año y que también venía arrastrando y una semana antes de que terminara decidí terminar la relación. Sé que fue una forma de manipulación y él también lo entendió así. Ese día nos manipulamos ambos con el llanto.
Al amanecer, me sentí terrible. En ese momento no tenía certeza de que sería mi vida, ni lo más elemental. Los días y las noches se convirtieron en lo mismo y ya empezaba a confundir uno con el otro.
Al final del día la llamada habitual, aunque no la esperaba. Qué estás haciendo. Con la novedad de que había un señor recién llegado al país por motivos laborales y quería una consulta. Qué podía decirle. Era otra argucia de él.
Me dejé convencer, ya estaba convencida. Igual. Fui al encuentro. Llegamos al lobby y él se perdió en búsqueda del señor. Por un instante que pareció eterno me quedé frente a un cuadro. Todavía me recuerda a la María de Ernesto Sábato en la galería. Su descripción fue tan exacta que me sentí trasportada en ese momento a esa escena de la novela. Pensaba que no debía estar ahí y que debía huir.
En eso me sorprendió un ya estamos aquí. Me volteo. Me quedé petrificada. Una mezcla de euforia, miedo, sorpresa, conocido, tiempo sin verte me abordó al mismo tiempo. Me quedé rezagada ante la pareja de hombres que iba delante de mí.
Llegamos a un restaurant que estaba en otro nivel y ellos como caballeros, esperaron que me sentara. Creo que mi cara era de aturdimiento que se enfrascaron por unos instantes a hablar entre ellos. Luego esperaban que yo emitiera alguna palabra pero no podía articular alguna. Estaba temblando. Me levanté y dije que necesitaba cambiarme y él me excuso con mi capacidad para conectar energías.
Este hombre me estaba penetrando los huesos con su mirada y yo me sentía desnuda. Poco a poco fui relajándome y llegué a sentirme en ambiente. Hasta que me pidieron que tomara su mano para hacer una mejor conexión. Era demasiado. Iba a desmayarme. Seguramente dije muchas cosas incoherentes ese día.
Luego otra vez relajada. Sin darme cuenta me olvidé que el mundo existía. Que mis problemas existían. Que había otro hombre ahí que hasta la noche anterior yo no podía vivir sin él. Habían lapsos donde él interrumpía para decirle al otro, tal vez estas aburrido, te hemos excluidos. Y él otro decía. No tranquilos. Conversen. Busco varias excusas hasta que finalmente fue más directo y dijo, déjame solo con ella.
Yo lo miré diciendo no he hecho nada. Y luego sólo pensaba, se dio cuenta. Cuando estuvimos solos pero no lo suficiente porque él otro sólo se alejó dos metros, me miró a los ojos, creí que me confrontaría pero me hizo una pregunta personal.
No sé cuánto tiempo pasó, pero fue eterno. Hasta que se hizo la media noche y el otro dijo, nos tenemos que ir, cierran el estacionamiento, y bajó. Ahí estuvimos solos. Me levanté y tomó mis manos. Aunque no fueras quien eres me hubiera fijado en ti. Mis sentidos estaban tan alterados que no entendí el significado de esa frase. Luego una promesa. Vuelve mañana. Sí, me esperas, así haya un terremoto volveré. Luego bajamos las escaleras tomados de las manos él primero y yo atrás y al final el otro en el carro viendo el espectáculo. A partir de ese momento nada volvió hacer igual, pero no me di cuenta sino años después.
Volví. Pero encontré otro hombre. Frío, distante, ausente. Me decepcioné pero la emoción del día anterior seguía envolviéndome y embriagándome. Cenamos los tres, luego hicimos un pequeño ritual y nos tomamos las manos. Sentí que el corazón hablaba y él sintió lo mismo.
Luego vino el día siguiente, el tercer día, ya mis miedos, angustias habían desaparecido casi completamente. Al final de la tarde una llamada de despedida. Creí que lo vería en la noche pero no fue así. El otro percibió algo.
Molesta me bajé del carro. Lo que pasó después no lo pensé. Llamé a la operadora y pedí el número del hotel. El primero no era, mi voz fue tan decepcionante que el recepcionista dijo, hay otro hotel con el mismo nombre. Volví a llamar y el recepcionista dijo acaba de subir al ascensor. Deje que repique. Sólo quería decir que sentía que me conocía y si tenía algo que decirme. Cuando contestó dijo, hola, cómo esta. Se me perdieron las palabras, que digo. Me deshice en excusas y cuando pregunté cómo sabes quién soy, he estado esperando tu llamada. Dónde estás para irte a buscar.
Lo demás fue un cuento de hadas. No dormimos juntos pero estaba en el aire. Después de superar el hielo, hizo preguntas, muchas, y la última, qué tienes con él. Por mi mente pasaron varias respuestas. Dije, sólo somos amigos. Dijo, te creo. Después, dijo, no sé si estoy loco, soy esto y lo otro. Hago esto y lo otro. Tengo esto y lo otro. Te quieres ir a vivir conmigo y con tu hijo a otro país.
Tres veces antes me habían hecho la misma propuesta. Las tres veces no respondí. Ese día tampoco. Pero a diferencia, salí corriendo. Me fui. Cuando llegó a su hotel llamó. En la mañana llamé, y era otra persona.
Después pasaron siete meses, y luego pasaron seis años. Luego pasaron cuatro más. Y no he podido besar a alguien más. Y me fui alejando, alejando, y me alejé de todo. Al principio desperté y estuve despierta mucho tiempo. Y luego me volví a dormir en el 2008. He hecho muchas cosas pero no lo principal para despertar y sigo dormida pero estoy soñando que quiero despertar.
Tal vez lo estoy ahora, porque volví a sentir aunque sea emoción reprimida. Estoy buscando algo a qué aferrarme que me dé nuevamente vida.
Sé que este momento al igual que los otros forma parte de mi crecimiento como persona y como ser espiritual.
Me fui dejando de escuchar y de escuchar el poder de sanación que hay en mí. Ahora todo es un limbo. Sin embargo tal vez este espacio representa otra etapa que está por venir. Tal vez estoy abandonando totalmente la que fui y me estoy poniendo un nuevo traje.
Ahora puedo decirme esto a mí y no tengo la necesidad de subestimarme al hablar sin ser escuchada, o sin recibir respuesta.
Entonces, estoy mejor.
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